Visibilizar la vulneración de derechos humanos debería ser un deber obligatorio de cualquier persona. Vivimos en una sociedad egoista donde el capitalismo nos ha creado una realidad falsa donde nuestros miedos solo influyen en nuestro propio bienestar materialista, dejando de lado la solidaridad y la preocupación por los problemas de otros.
En este contexto, los políticos solo se preocupan de satisfacer las necesidades del que tiene para tenerlos contentos y conseguir renovar su cuota de poder cada cuatro años. En este juego de ricos poco tienen que hacer esos nadies de los que hablara Galeano, son invisibles, no dan votos, su situación incomoda el status quo capitalista y por lo tanto no interesan. Y si alguno da un grito de auxilio que distrae la felicidad fabricada que narcotiza y corrompe a la sociedad, saltan los resortes de control que, con un cargamento de prejuicios, riega de odio y desprecio la opinión hacia estos colectivos que estorban el pensamiento positivo del ibex 35.
Tarde o temprano todos seremos migrantes de esta sociedad sin rumbo y corrupta ¿qué haremos cuando nadie nos refugie, cuando estalle este loco mundo? Solo nos queda gritar y denunciar para que la voz de los nadie se imponga.