Una de las experiencias más conmovedoras de los últimos meses me la proporcionó un joven refugiado sirio. Con
el complaciente y opulento Occidente como escenario, su trayectoria, su esfuerzo diario y su resiliencia para doblegar obstáculos -los pasados para huir de un territorio en guerra y los actuales para sobrevivir en una sociedad que lo arrincona- han sido un ejemplo al que acudo cada vez que me encuentro con una dificultad. No cabe en mi cabeza la actitud institucional -y no pocas veces también social- que hemos desplegado frente a las personas que simplemente tratan de hallar un lugar seguro donde poder tener un proyecto de vida. Tienen tanto que ofrecernos!