Vivo en Madrid, pero tengo amigas trabajando en Málaga en organizaciones que ayudan a las personas refugiadas. Tras la indignación de las primeras imágenes en televisión, todos nos hemos olvidado de este colectivo. Y hemos olvidado la empatía. Hemos olvidado nuestro lado humano. Son solo una desgracia más en los informativos. Gracias a la experiencia de mis amigas, he podido conocer más de las circunstancias familiares de estas personas, por qué huyen de sus países de origen y todos los problemas a los que se enfrentan. No puedo entender como ni España, ni Europa no haga nada por ayudarles. Necesitamos un cambio social para que sea la sociedad la que exija a los gobiernos más responsabilidad. Necesitamos dejar de mirar hacia otro lado y hacer algo.